Lugares perdidos: La Torre Nueva de Zaragoza

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Vista de Zaragoza con la Torre Nueva, antes de 1880 / Foto via Wikimedia Commons [Public domain]

Piensa en la Plaza de San Felipe, en la del Pilar, en las riberas del Ebro. Lugares de Zaragoza por los que has pasado tantas veces que probablemente puedas recorrerlos con la memoria en estos momentos. Pero lo que te propongo ahora no requiere que ejercites el recuerdo sino la imaginación. Es un recorrido por construcciones que ya no están pero que, con mayor o menor intensidad, han logrado recuperar su presencia en la ciudad.

Comenzamos por la más emblemática: la Torre Nueva. Repasa algunos datos clave de su origen y desaparición y descubre por qué a más de un siglo de su derribo, el edificio sigue estando de actualidad. Éste es el primero de una serie de posts dedicados a lugares perdidos de Zaragoza.

LA TORRE NUEVA (1504-1893)
Mucho se ha escrito sobre la historia de esta mítica torre del reloj. Comenzó a construirse en 1504, era un edificio civil de estilo mudéjar y llegó a superar los 80 metros de altura con el chapitel añadido en 1749. Servía para marcar el ritmo de vida de los zaragozanos y se usó también como puesto de vigilancia durante el asedio francés en la Guerra de la Independencia (1808-09). Visible desde cualquier punto de la ciudad, otra característica la hacía tan atractiva para los viajeros como pueda serlo hoy la italiana torre de Pisa: estaba inclinada.

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Fotografía de la Torre Nueva tomada entre 1874 y 1877 / Foto via Wikimedia Commons, J. Laurent [Public domain]

La torre inspiró a numerosos artistas (dibujantes, fotógrafos, escritores). Dijo de ella el gran novelista Benito Pérez Galdós en sus “Episodios nacionales” (1872-1912):

“Asemeja a un gigante que se inclina para mirar quién anda a sus pies. A la claridad de la luna, aquel centinela de ladrillo proyecta sobre el cielo su enjuta figura, que no puede tenerse derecha. Corren las nubes por encima de su aguja, y el espectador que mira desde abajo, se estremece de espanto, creyendo que las nubes están quietas y que la torre se le viene encima. Esta absurda fábrica bajo cuyos pies ha cedido el suelo cansado de soportarla, parece que se está siempre cayendo, y nunca acaba de caer”.

Pero el gigante sí “cayó”.

El “turricidio”
Aludiendo a razones de seguridad, el Ayuntamiento de Zaragoza acordó su derribo en 1892 en medio de una gran controversia. Intelectuales de la época llamaron a esta demolición “turricidio”, constituyeron una asociación en defensa de la torre y convocaron una asamblea pública para salvarla.

“Zaragozanos: La historia recuerda brillantes epopeyas con las cuales salvasteis la Independencia de la Patria. La Torre Nueva, el monumento mudéjar admiración de propios y extraños, la que nos alegra en nuestras fiestas y nos anuncia la hora del descanso, fue la atalaya de defensa en aquellos memorables hechos. (…) ¡Que no se diga que los descendientes de los héroes ven con indiferencia la desaparición de la Torre Nueva!”, decía el texto de su convocatoria.

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Grabado de 1835 de Charles Heath de la Torre Nueva / Imagen via Fondo Documental Histórico de las Cortes de Aragón

De acuerdo a algunos cronistas, la verdadera razón del derribo no era el riesgo de desplome sino los intereses “caciquiles” de algunos vecinos. “Estorbaba el monumento por viejo, porque estrechaba los viales, porque hacía sombra en sus comercios y viviendas y empequeñecía el barrio”, recoge Alberto Serrano Dolader en su libro “La Torre Nueva de Zaragoza” (1989).

Pese a la movilización ciudadana, no hubo marcha atrás. Durante 8 días, los zaragozanos pudieron subir a lo alto del monumento para decirle adiós. El derribo fue completado en 1893.

Segunda vida
La desaparición de la Torre Nueva fue traumática y los ecos del malestar llegan todavía hasta nuestros días. Sin ir más lejos, en las recientes elecciones municipales de 2015 uno de los candidatos a la alcaldía de Zaragoza incluyó entre sus propuestas la reconstrucción del mítico monumento, una vieja reclamación que se viene discutiendo prácticamente desde su derribo.

Pero si la torre no está y tampoco se ha reconstruido, ¿qué encontramos hoy si paseamos por el mismo lugar donde se alzó hace más de quinientos años? Quedan los restos de un memorial (tampoco se libró de la polémica y fue derribado parcialmente por orden de la Diputación General de Aragón) y un mural en la calle Torre Nueva.

Del fallido monumento conmemorativo, inaugurado en 1991, permanece la escultura “Muchacho sentado mirando a la Torre Nueva“, una figura a tamaño natural sentada en el suelo con los ojos clavados en las alturas. Aunque quizás no resulte muy obvio, lo que mira tan atentamente este muchacho es la desaparecida torre mudéjar.

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Escultura “Muchacho sentado mirando a la Torre Nueva” / Foto: Laura Gil

Queda también la marca octogonal de la base del edificio dibujada en el pavimento pero si no vas avisado, puede que hoy simplemente la confundas con el perímetro de una terraza de bar que suele instalarse encima.

Respecto al mural, pintado en 2008, recrea una de las fotografías conservadas del monumento. En la pintura aparece la plaza de San Felipe presidida por la Torre Nueva y flanqueada por otros dos edificios históricos: el Torreón de Fortea, del siglo XV, y el Palacio de los Condes de Argillo, del siglo XVII.

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Mural recordatorio de la Torre Nueva / Foto: Zaragoza Turismo via Flickr [Creative Commons]

Curiosidades
Existe desde 1986 un Museo de la Torre Nueva que a iniciativa privada mantiene abierto al público de forma gratuita la tienda de alimentación Montal. Es una experiencia cuando menos curiosa bajar las escaleras de este establecimiento y encontrar en su antigua bodega restos rescatados del derribo de la torre.

Compartiendo todavía espacio con reservas de vinos de la casa, encontramos, por ejemplo, la esfera y maquinaria del reloj y azulejos decorativos de la torre. Entre sus paredes, cubiertas con abundantes representaciones del monumento (pinturas, fotografías, grabados), aparecen otros objetos singulares como guitarras fabricadas con madera de las vigas del edificio.

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Museo de la Torre Nueva en la antigua bodega de la tienda de alimentación Montal / Foto: Laura Gil

La reutilización de elementos que pertenecieron a la torre fue práctica común desde el momento de su derribo. Dice en su libro Serrano Dolader que “hubo familias turricidas que aprovecharon ladrillos para la construcción de casas en el actual paseo de la Independencia“. Con carácter mucho más reciente, en el verano de 2015 volvió a sonar una de sus campanas en la iglesia de San Felipe. Hay otra reubicada en el Pilar.

Y no han faltado nuevos argumentos para el viejo debate que dividió en su momento a la sociedad zaragozana. ¿De verdad era inevitable destruirla? En febrero de 2015, el periódico Heraldo de Aragón se hacía eco de los resultados de un estudio que concluía, tras reproducirla a escala, que el sacrificio de la torre fue en vano. “Con los datos que hay, no hay duda: no se hubiera caído”, aseguraba uno de los autores.

Una controversia, como ves, que no pierde vigencia. ¿Qué opinas tú de la fascinante historia de este monumento? ¿Crees que debería ser reconstruido?

Laura Gil

Periodista curtida en la comunicación on/offline en España y Estados Unidos. Genero contenidos para marcas, medios de comunicación y agencias. Aprendizaje continuo sin perder de vista lo esencial: las buenas historias.

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14 Respuestas

  1. Torre Nueva dice:

    La reconstrucción de la Torre Nueva revitalizaría enormemente una zona de la ciudad muy deprimida, especialmente estos años de crisis. La relación de un escultor con su obra es mucho más conceptual, que en otras disciplinas artísticas, participando mucho menos de su ejecución. Por lo que la reconstrucción no tendría nada de falsa, ni hortera, como podría ser los anacronismos kistch de Las Vegas. Si consideramos la reconstrucción un anacronismo, todo el patrimonio conservado sería también un anacronismo. ¿ Lo derribamos todo? Además son criterios meramente de ” modas”, más bien de estilos dominantes en las escuelas de arquitectura, pero nadie puede asegurar que vuelva una moda historicista o una moda reconstructivista se haga hegemónica. La reconstrucción sería una inversión, además tenemos parte de los cimientos y el mismo emplazamiento señalizado de su ausencia, lo que le otorga más autenticidad si cabe, y conservamos bastantes elementos de la primera torre, como el reloj, campanas, etc. Además recuperaríamos un hito histórico y artístico de Zaragoza, seña de su identidad durante muchos siglos, cerrando una herida emocional importante en el subconsciente colectivo de la ciudad. No se me ocurre ninguna razón en contra de su reconstrucción ( Hay ciudades como Dresde que las estás reconstruyendo hoy en día casi entereas) más que complejos pacatos ( las reconstrucciones e incluso recreaciones son innumerables y de gran éxito ), de una ciudad cateta que aplaude el derribo de su patrimonio con cualquier excusa o se calla y protesta si se pretende reconstruir alguno de sus hitos más importantes ( no hablemos ya de un Casco Histórico entero como Varsovia o Dresde) . Porque en esta ciudad muchos se ahogan con su propia cuerda, pero nada que disfruten los mamotretos de retículas elementales e insulsas en serie. Eso sí que es bonito.

    • Torre Nueva dice:

      Quería decir “La relación de un arquitecto con su obra es mucho más conceptual…” en vez de ” La relación de un escultor..”

    • Laura Gil dice:

      Encuentro muy atinada la referencia a la herida emocional en el subconsciente de la ciudad. Muchas gracias por compartir esta reflexión tan detallada, por tu tiempo y tus palabras. Un cordial saludo

  2. Luis dice:

    A mi me gustaría decir que soy un enloquecido amante de esta ya inexistente torre.Si hubiera oportunidad de reconstruirla, yo estaría muy a favor, quizá no fuera la original, pero no me parece argumento suficiente para no traer de vuelta un símbolo que en su día y por cuestiones de necios se demoliese. Buen blog, por cierto, desde ahora tienes nuevo seguidor. Saludos

  3. Conchita dice:

    Es bonito y bueno recordar la historia, y nos das la oportunidad de hacerlo con tus comentarios. Otra cosa muy diferente es, reescribirla o construir aquello que por las circunstancias que sean, ya no está. Dejémoslo así y que el recuerdo perdure.

  4. Estoy segura que muchos zaragozanos no conocen la historia y ni siquiera que hubo una torre. Mi padre desde pequeña siempre me la ha contado. A él le fascina su historia e incluso tiene una ilustración a tinta de ella en su casa. Así que he vivido con esta torre muchos años. Me encanta tus historias, Laura

    • Laura Gil dice:

      Me alegra mucho saber que esta torre te trae tan buenos recuerdos, Cris. Muchas gracias por leer y comentar. Un placer verte por aquí 🙂

  5. Carlos dice:

    Controversia… Se lo preguntaría al “Muchacho sentado mirando a la Torre Nueva”; él está, ensimismado y sonriente, ‘ensoñando’ su torre mudéjar.
    Qué bien que nos traigas, viajera de barrio, recuerdos ‘tan zaragozanos’ de lugares perdidos.

    • Laura Gil dice:

      Es verdad, los lugares perdidos tienen esa magia… Nos dejan soñar como lo hace el muchacho de la escultura. Gracias, siempre, por tus comentarios, Carlos.

  6. Ruth dice:

    Una entrada preciosa “Viajera de barrio”, pasear por el pasado es conocer nuestro presente. Larga vida a; Lugares perdidos de Zaragoza. Abrazos!

  7. Kong dice:

    Esperemos que algún otro lumbreas no quiera tirar la Torre del Agua…

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